En 1985, Jorge Eckstein compró una propiedad abandonada en Defensa 755, en pleno San Telmo, con la idea de abrir un restaurante. Lo que encontró cuando empezaron a limpiar el lugar cambió por completo sus planes: bajo cuatro metros de escombros apareció una construcción de adobe y ladrillo, y un sistema de túneles que conectaba distintos sectores del terreno.
El nombre del lugar viene de mucho antes que la casona. Por ahí corría el Tercero del Sur, también llamado Zanjón del Hospital o Zanjón de Granados: un arroyo estacional que hasta el siglo XVIII marcaba el límite sur de la ciudad de Buenos Aires, cuando la ciudad todavía era apenas un cuadrado alrededor de la Plaza Mayor. La casa que se construyó encima, en el siglo XVIII, perteneció a la familia Miguens, y bajo ella se excavó un túnel de más de tres metros de altura pensado para contener la corriente de agua que las lluvias mandaban hacia el arroyo.
Con el paso de los siglos la función del edificio cambió tanto como el barrio que lo rodeaba: de residencia de una familia patricia pasó a ser, en el siglo XX, un conventillo que albergó a cientos de personas a lo largo de las décadas. Cuando Eckstein compró la propiedad en 1986, ya no quedaba nada de eso a la vista: solo escombros, abandono y, debajo, un secreto de dos siglos.
La restauración duró casi veinte años. Hoy el Zanjón de Granados funciona como un museo subterráneo que se recorre exclusivamente con visitas guiadas programadas, de 11 a 17 h. Es, junto con la Casa Mínima que forma parte del mismo complejo, uno de los pocos lugares de Buenos Aires donde se puede caminar literalmente por debajo de la ciudad colonial y tocar las paredes de ladrillo que contuvieron un arroyo que ya no existe en la superficie.





