Francisco Pascasio Moreno nació en Buenos Aires un 31 de mayo de 1852, pero su vida quedó ligada a la Patagonia. La recorrió, la midió, la soñó. Geógrafo, naturalista, diplomático sin título, fue el hombre que dibujó los bordes de un país que aún no conocía sus límites.
Le tocó negociar con Chile, trazar mapas, hacer ciencia con botas embarradas. Pero su legado va más allá del papel y la brújula: fue el primero en proponer que los paisajes no eran solo recursos, sino patrimonio. Fundó el Parque Nacional Nahuel Huapi y donó tierras para preservarlas. Un gesto adelantado a su tiempo.
Hoy, lo recordamos en un glaciar, en un museo, en un nombre repetido. Pero también deberíamos recordarlo como el porteño que entendió que el futuro estaba al sur, en lo inmenso, en lo que aún no se había tocado.
