Martín Miguel de Güemes no comandó grandes ejércitos regulares ni cruzó los Andes. Pero sin él, probablemente, la independencia argentina no habría resistido. Desde Salta, organizó milicias populares, formadas por campesinos, gauchos y artesanos, que defendieron la frontera norte del país durante una década.
El 17 de junio de 1821, tras ser herido por una emboscada realista, murió a los 36 años. Hasta el final, se negó a rendirse. Su legado es el de una resistencia popular, arraigada en el territorio y guiada por un profundo sentido de justicia social.
En los últimos años, su figura fue reivindicada como símbolo del federalismo, la defensa del interior y las formas no elitistas de hacer política. Güemes fue, en palabras de muchos historiadores, el guardián de la frontera y el corazón del norte argentino.
