Buenos Aires ganó un premio. Otro más. Este dice que somos la ciudad más deseada del mundo, votada por 208.000 viajeros de una revista británica que se llama Wanderlust. Suena bien. Suena a trofeo para poner en la repisa junto al de Capital Iberoamericana de la Cultura Gastronómica y el de mejor destino MICE de América. Buenos Aires colecciona laureles como otros coleccionan imanes de heladera.
Pero esta vez el dato pica.
Porque mientras la National Gallery de Londres se llenaba de aplausos el 5 de noviembre de 2025, acá la cosa venía distinta. En 2025 llegaron a la Argentina un 20% menos de turistas internacionales que el año anterior. Mientras tanto, los argentinos que salieron del país crecieron un 43%. El déficit turístico trepó a más de 4.000 millones de dólares. Por cada extranjero que entró, se fueron dos argentinos. La ciudad más deseada del mundo se vaciaba de los que ya están adentro.
No es una contradicción. Es Buenos Aires.
El premio
La revista Wanderlust tiene 24 años repartiendo premios. Sus lectores son viajeros de los que se toman en serio el asunto: no eligen playa con pileta climatizada, eligen destino con alma. Votaron 4,8 millones de veces en 22 categorías. En la de "Ciudad más deseada del mundo", Buenos Aires saltó del séptimo puesto en 2024 al primero en 2025. Le ganó a Tokio (plata) y a Sídney (bronce). Primera vez que la capital argentina llega a lo más alto de ese ranking.
¿Qué vieron? Lo que ven todos los que vienen y que a veces los que vivimos acá dejamos de ver. Según la propia revista: la energía creativa de los barrios, el renacimiento de las milongas, la camada de chefs jóvenes que está redefiniendo lo que significa comer en Argentina. Mencionaron la música, los cafés, la escena creativa. No mencionaron el Obelisco.
Hay una Buenos Aires de números que impresiona en cualquier folleto: más de 7.000 locales gastronómicos, 287 teatros, 380 librerías, 150 museos. Son datos oficiales de Visit Buenos Aires, y cada uno de ellos es real. Pero los números son el esqueleto. Lo que enamora a los que vienen es la carne sobre el hueso: el bodegón de Almagro donde el mozo te tutea y el vino viene en pingüino, la milonga del miércoles en un sótano de San Telmo, la librería de Corrientes que a las once de la noche sigue con las luces prendidas. Esa Buenos Aires no se mide en rankings. Pero explica por qué los gana.
Fernando Amer, director de Promoción Turística de Visit Buenos Aires, fue a Londres a recibir el premio. Simon Reeve, presentador y aventurero británico, condujo la ceremonia. Japón ganó como país más deseado del mundo, Italia retuvo el título europeo, Estambul se llevó el oro como ciudad europea. Pero el premio que más ruido hizo fue el nuestro. Porque nadie tenía a Buenos Aires en la quiniela.
La paradoja
Ahora bien. ¿Qué hacemos con la noticia?
Podemos hacer lo de siempre: golpearnos el pecho, twittear "somos lo más grande del mundo" y seguir adelante. O podemos mirar lo que pasa alrededor del trofeo. Porque 2025 fue un año raro para el turismo argentino. El dólar planchado hizo que viajar al exterior fuera accesible como no lo era en años. Los argentinos salieron en manada: más de 18 millones cruzaron alguna frontera. Los tours de compras a Chile y Paraguay desbordaron los pasos aduaneros. Al mismo tiempo, para los que venían de afuera, Argentina dejó de ser barata. El turista europeo que en 2023 cenaba en un restaurante top por el equivalente a 15 euros, en 2025 pagaba más del doble. La ecuación cambió.
La balanza turística se hundió. El déficit pasó de 2.100 millones de dólares en 2024 a más de 4.000 millones en 2025. Es mucha plata. Es plata que sale del país en valijas de mano, en tarjetas de crédito usadas en Santiago y en San Pablo, en paquetes a Cancún.
Entonces el premio tiene una lectura más interesante que la obvia. Buenos Aires es la ciudad que el mundo quiere conocer, pero que su propia gente —por razones económicas, por hartazgo, por la tentación del dólar accesible— está dejando de lado como destino. Es un espejo. Los de afuera ven lo que los de adentro naturalizamos: una ciudad donde a las tres de la mañana podés conseguir una pizza decente, donde los teatros independientes llenan funciones los martes, donde un barrio entero puede reinventarse en cinco años.
Lo que ven los que vienen
Hay algo más. Wanderlust destacó específicamente a los chefs jóvenes. No es un dato menor. En los últimos años, Buenos Aires pasó de ser "la ciudad de la carne y el malbec" a tener 56 restaurantes reconocidos por la Guía Michelin, cuatro de ellos con estrella. Don Julio, Aramburu, Anchoíta, Crizia: son nombres que circulan en circuitos gastronómicos internacionales. La escena de los cafés de especialidad explotó. Los restaurantes peruanos, coreanos, venezolanos se multiplicaron por todos los barrios. Buenos Aires dejó de tener una cocina y pasó a tener un ecosistema.
El tango es el otro eje. Wanderlust habló del "renacimiento" de las milongas, y la palabra no es exagerada. Después de la pandemia, las milongas volvieron con fuerza. Pero no solo las de siempre. Hay milongas queer, milongas electrónicas, milongas al aire libre. El tango dejó de ser patrimonio exclusivo de turistas japoneses en La Boca y volvió a ser una práctica viva de pibes de 25 años en Boedo.
La pregunta
¿Alcanza con todo esto? Depende de para qué. Si la pregunta es si Buenos Aires merece el premio, la respuesta es sí. Si la pregunta es si el premio cambia algo, la respuesta es más complicada.
Un galardón de Wanderlust tiene peso en el circuito turístico británico y europeo. Puede mover la aguja en reservas, en notas de prensa, en influencers que deciden venir a filmar contenido. Pero no resuelve los problemas estructurales: un aeropuerto de Ezeiza que sigue siendo una experiencia ingrata, una ciudad donde la inseguridad aparece en todos los foros de viajeros, un tipo de cambio que puede dar vuelta de un mes al otro.
Lo que sí hace el premio es esto: nos obliga a mirarnos. A preguntarnos si le estamos dando a esta ciudad lo que merece. Si estamos cuidando las milongas, los bodegones, las librerías de medianoche, los teatros independientes que son exactamente la razón por la que 208.000 personas nos votaron desde el otro lado del mundo.
Buenos Aires es la ciudad más deseada del mundo. La pregunta es si nosotros también la deseamos.






