Venecia & Puglia, trazos de Italia

Félix Fassone no pinta con fotos: hace un boceto de dos o tres minutos parado en la calle y lo amplía diez veces en el taller. Cómo se construyó cada obra de "Venecia & Puglia, trazos de Italia".

Septiembre, 2026

Venecia & Puglia, trazos de Italia

Cuando viaja, Félix Fassone no hace lo que hace la mayoría de la gente frente a un paisaje que la sorprende. "En lugar de sacar una foto, como hace todo el mundo, yo lo que hago es un boceto", explica. "Una silueta rápida en el lugar." No es, aclara enseguida, la escena clásica de alguien sentado en una plaza dibujando con calma: "Yo no me siento, lo hago parado o hasta caminando, porque lo máximo que demoro son dos o tres minutos." Ese es el tiempo completo que le dedica a capturar, en vivo, una calle de Venecia o una esquina de Lecce: un trazo hecho a toda velocidad, guiado por un único criterio, "lo más pregnante de aquello que vi".

Un dibujo de diez centímetros que se vuelve de cincuenta

Ese boceto mínimo no es la obra. Es apenas el disparador. "Después lo amplío diez veces y lo pinto arriba", cuenta Fassone. Un dibujo que en el momento del viaje mide unos diez centímetros termina convertido en una superficie cinco veces mayor, y en esa ampliación pasa algo que el artista describe como el corazón de su método: "El trazo crece, es mucho más dramático. Y ahí, encima de eso, lo pinto." La línea que en la calle fue casi instintiva, resuelta en segundos, se transforma en el taller en una estructura sobre la que se construye toda la pintura —una especie de esqueleto que dicta el resto de las decisiones formales.

Se nota, en esta descripción, la formación en arquitectura que Fassone trae de fondo: la lógica de partir de un plano mínimo y expandirlo en una estructura mayor, manteniendo la proporción del gesto original. Uno de los ejemplos que el propio artista usa para explicarlo es un trabajo hecho caminando por Lecce, en Puglia: "Este trazo que está aquí es el mismo que está acá, pero aquí está pintado con óleo, y este es el trazo original que lo hice en el lugar." Ver las dos versiones juntas —el boceto de calle y su ampliación pintada— es, para quien visita la muestra, la mejor explicación posible del proceso completo.

Óleo, acrílico, y una fecha límite que cambió el material

La elección del material tampoco fue una cuestión de gusto, sino de orden y de tiempos. Puglia fue la primera serie que Fassone pintó, y la resolvió enteramente en óleo sobre tela. Venecia vino después, y ahí el material cambió: toda la serie está hecha en acrílico, aunque conviven dentro de ella dos lenguajes distintos, uno "más ligado al figurativo" y otro "más ligado al abstracto", aunque —aclara Fassone— "aquí es Venecia también, de otra manera particular".

El cambio de material, cuenta, respondió a una necesidad muy concreta. "El problema del óleo, que es muy lindo, es que demora mucho el secado", explica. Cuando se acercaba la fecha de cierre de la muestra, con apenas dos meses de margen para terminar la serie de Venecia, esa demora se volvió un problema real: "En dos meses no se me seca. Estoy con un lío." La solución fue pasar al acrílico para toda esa serie, un material que le permitió seguir produciendo sin quedar atrapado por los tiempos de secado del óleo que sí se había podido dar el lujo de usar en Puglia.

El resultado es una muestra que, sin proponérselo como concepto curatorial explícito, termina exhibiendo dos procesos a la vez: el del ojo que capta un lugar en segundos, y el de la mano que, mucho después, decide cómo ampliar ese instante hasta convertirlo en pintura.

Venecia & Puglia, trazos de Italia se puede visitar en el Espacio Cultural Carlos Gardel (Olleros 3640, CABA).

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