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Una obra que se ensaya en vivo: la residencia de Melisa Zulberti en PROA21

Durante agosto, septiembre y octubre, la sala de PROA21 funciona como laboratorio abierto al público para la próxima obra escénica de Melisa Zulberti, que se estrena en el Festival Nueva Ópera Buenos Aires.

Octubre, 2026

Una obra que se ensaya en vivo: la residencia de Melisa Zulberti en PROA21

¿Qué pasa cuando una escena deja de organizarse alrededor de una coreografía y empieza a funcionar, en cambio, como una infraestructura? Esa es la pregunta que la artista interdisciplinaria y directora creativa Melisa Zulberti eligió como punto de partida para su residencia en PROA21, el espacio de arte contiguo a Fundación Proa dedicado a procesos de creación en curso. Durante agosto, septiembre y octubre de 2026, la sala de la planta alta de PROA21 se convirtió en un laboratorio: el lugar donde se está armando, en tiempo real y a la vista de quien quiera pasar, la próxima producción escénica de Zulberti.

La obra, que recibió un subsidio de la Fundación Williams, tendrá su estreno oficial en octubre en el Festival Nueva Ópera Buenos Aires (FNOBA), que este año cumple diez años de trayectoria. Pero antes de ese estreno, el proceso completo de construcción —con sus ensayos, sus dudas y sus decisiones todavía abiertas— está disponible para el público de miércoles a domingo, de 12 a 19 h, en PROA21.

Cuerpo, luz y sonido bajo las mismas reglas

La pregunta de Zulberti tiene una referencia musical concreta: In C, la partitura abierta que Terry Riley compuso en 1964, un sistema de patrones repetitivos y un pulso común que cada intérprete recorre a su propio ritmo, sin una dirección central fija. Zulberti traslada esa misma lógica compositiva a la escena: en lugar de que un lenguaje —el movimiento, por ejemplo— ilustre a otro —la música, o la luz—, todos los elementos del dispositivo escénico improvisan dentro de una misma estructura de reglas compartidas. Ninguno subordinado al resto.

El giro más radical de la propuesta tiene que ver, precisamente, con la luz. El trabajo en sala prescinde de una coreografía fija y se concentra, en cambio, en el diseño analógico de un objeto lumínico y en el establecimiento de protocolos de improvisación: reglas simples de las que, se espera, surjan formas complejas de organización colectiva. En ese esquema, la iluminación deja de cumplir su función tradicional de acompañar la acción de los cuerpos y pasa a ser, en palabras del propio proyecto, "la principal fuerza directora de la obra": no ilumina lo que pasa, decide lo que pasa.

Durante los dos meses de residencia, Zulberti coordinó en sala a un equipo de performers e iluminadores —Valentín Pelisch, Hernán René González, Bianca Di Pasquale y Valentino Alonso— que trabajó la interconexión de estos lenguajes, los mismos que en la pieza final dialogarán con la música en vivo de la Orquesta Retrofuturista. Una capa tecnológica adicional suma otra vuelta de tuerca al concepto de sistema compartido: los propios intérpretes portan cámaras que registran el comportamiento de los cuerpos en tiempo real, y esas imágenes se procesan en vivo dentro de un entorno abstracto de 360 grados, retroalimentando el dispositivo completo.

Una residencia pensada para mirarse en construcción

El dato más inusual de este proyecto no es su concepto —la escena como infraestructura, antes que como coreografía— sino la decisión de exhibir el proceso mismo como parte de la obra. La sala de PROA21 funciona, mientras dura la residencia, como "un organismo vivo e irrepetible donde cada decisión individual afecta al conjunto" antes de que exista ningún estreno oficial. No es un ensayo abierto puntual, sino una ventana sostenida durante dos meses sobre un trabajo en construcción.

El domingo 27 de septiembre se realizó una apertura pública del proceso, con una muestra de los avances de movimiento y luz, un conversatorio con el equipo de trabajo y la proyección de material de archivo audiovisual que la propia Zulberti fue recopilando en la vía pública, como parte de su investigación sobre comportamientos urbanos colectivos —esos sistemas que, igual que la obra que está armando, regulan silenciosamente los desplazamientos cotidianos de miles de personas sin que nadie dirija la escena desde un único punto.

La residencia, organizada por PROA21 con dirección artística de Lucie Haguenauer, se puede seguir en el espacio contiguo a Fundación Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca) hasta el 30 de octubre, de miércoles a domingo, de 12 a 19 h, antes de que la pieza completa se presente en el Festival Nueva Ópera Buenos Aires.

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