Cuando Puccini decidió componer una ópera sobre Manon Lescaut, la novela del Abad Prévost, sabía que estaba entrando a un terreno ya ocupado: Jules Massenet había estrenado su propia Manon apenas unos años antes, con enorme éxito. Puccini lo dijo sin rodeos: "Massenet la siente como francés, con polvos y minués. Yo la sentiré como italiano, con pasión desesperada". Manon Lescaut (1893) fue su primer gran triunfo y el que lo puso, definitivamente, en el mapa de la ópera italiana.
La historia sigue siendo la misma que la de Massenet en sus líneas generales —una joven de belleza devastadora, un amante pobre, un protector rico, una caída que termina en el exilio y la muerte— pero el tratamiento de Puccini es otro: más directo, más visceral, sin la ironía francesa. Es una ópera de juventud que ya contiene, en germen, todo lo que Puccini iba a perfeccionar después en La Bohème, Tosca y Madama Butterfly.
El Teatro Colón presenta la obra en versión de concierto en el Palacio Libertad (Sarmiento 151, Centro), los días 6, 8, 10 y 12 de septiembre, con dirección del húngaro Henrik Nánási al frente del Coro y la Orquesta Estable del Teatro Colón. El elenco reúne a cuatro nacionalidades distintas: la soprano italiana Chiara Isotton como Manon, el tenor Francesco Pio Galasso como Des Grieux, el barítono surcoreano Junhyeok Felix Park y el bajo-barítono chileno Ricardo Seguel.
La versión de concierto —sin puesta en escena, con la orquesta al frente y los cantantes concentrados exclusivamente en la partitura— tiene una ventaja que muchas veces se subestima: deja que la música de Puccini, todavía cruda y no del todo pulida en esta ópera temprana, se escuche sin las distracciones de una producción visual. Es una manera distinta, más desnuda, de acercarse a un compositor que en 1893 todavía estaba inventándose a sí mismo.






