Abel Rodríguez nació en la selva amazónica colombiana alrededor de 1941 y pasó la mayor parte de su vida sin tener contacto con lo que el mundo llama arte. No estudió en ninguna academia. No conoció museos. Lo que sí conocía era la selva: los árboles, los frutos, los ciclos, los animales, los ritmos de un ecosistema que su comunidad, el pueblo nonuya, habitó durante generaciones.
Cuando en 2000 empezó a trabajar con investigadores del Instituto Sinchi y del Jardín Botánico de Bogotá para documentar ese conocimiento, apareció algo que nadie esperaba del todo: dibujos. Cientos de dibujos con lápiz y marcadores de colores sobre papel, de una precisión botánica extraordinaria. Cada árbol con sus raíces, sus frutos, sus flores, sus usos medicinales y alimenticios. El mapa de un mundo dibujado por alguien que lo vivió desde adentro.
Rodríguez murió en 2025, a los 84 años. El árbol de la vida y la abundancia en el MALBA es una de las últimas grandes presentaciones de su obra, organizada junto al MASP de São Paulo, y se convirtió en una de las muestras más visitadas del año del 25° aniversario del museo.
La pregunta que hacen sus dibujos no es una pregunta de arte. Es una pregunta de conocimiento: ¿qué se pierde cuando desaparece una comunidad? ¿Cuánto saber sobre la selva existe únicamente en la memoria de las personas que la habitaron? Rodríguez pasó los últimos veinticinco años de su vida intentando que ese saber no desapareciera con él. Los dibujos son el resultado.
La muestra cierra el domingo 23 de agosto. El MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415, Palermo) abre de jueves a lunes de 12 a 20 h y los miércoles de 11 a 20 h. Martes cerrado.






