Empezó con juntadas en casa, dos amigos y la insistencia de otros amigos que querían seguir jugando. Tres años después, Lembas Games lleva sus Noches Analógicas a Espacio RIVA, en el Pasaje Rivarola, y sigue recorriendo centros culturales, bares y otros espacios. Su propuesta es tan simple como difícil de encontrar: reunir a personas de distintas generaciones "para hacer algo tan antiguo y tan bueno como jugar con otro".
De las juntadas en casa a Espacio RIVA
Lembas nació de dos amigos, Otto y Maty, que se animaron a formular una idea que llamara la atención. Las primeras Noches de juegos se hicieron hace tres años, y con el tiempo los empezaron a llamar para llevar el evento a otros lugares. Hoy el proyecto en el que están es el de las Noches Analógicas en Espacio RIVA, un centro cultural dentro de un pasaje centenario donde el juego convive con la música, las muestras y las charlas.
Aunque se pensaban como un plan nocturno, el público los sorprendió. Vinieron familias, chicos y gente que festejó cumpleaños en las mesas. "Jugar te da eso: la posibilidad de encontrarte con alguien que conocés o no, y dialogar en otro idioma", cuentan.
Qué pasa cuando hay un juego en el medio
En los primeros eventos, de entre 40 y 50 personas, estaban muy enfocados en enseñar y en armar grupos. Lo que vieron fue que empezaba a jugar gente que no se conocía: hablaban, tomaban algo, seguían toda la noche o ampliaban el grupo para un juego grande. Y descubrieron algo que no esperaban: a la gente no le daba mucha bola el celular. "Jugaban, comían, charlaban, sin mediación de la pantalla. Nos pareció buenísimo, aunque a nuestro marketing no tanto."
Esa es, en el fondo, la paradoja de comunicarse por Instagram un proyecto que invita a desconectarse. Lembas la resuelve entendiendo las redes "como herramienta, no como forma de vida": también hicieron difusión en papel, flyers y una entrevista de radio. Su convicción es que "lo que pasa en la presencialidad no se puede reproducir digitalmente".
Lo que da el juego y no da la pantalla
Para el equipo, hoy todo está mediado por el placer inmediato, la atención disminuida y una tendencia a lo homogéneo. La creatividad, en cambio, supone aceptar que algo puede salir bien o mal y convivir con eso. Jugar permite justamente eso: codificar la frustración. Una carta a destiempo, una posición que no viste, un truco que no ligaste.
Además, hay algo que pasa por el cuerpo: disponés de los sentidos, ves cómo está el otro, y eso te coloca en un rol distinto. Y jugar en comunidad deja anécdotas, o te hace quedar pensando cuál era la mejor jugada, algo que "una pantalla pocas veces da".
Jugar no es apostar
En la calle, "jugá" aparece hoy como slogan de las apuestas. Para Lembas, eso no es jugar: es otra lógica, la de "jugá, ganá", que responde al mismo interés por lo inmediato. Frente a eso, sus mesas proponen otra cosa. Hay juegos cooperativos y competitivos, juegos donde gana uno solo y juegos donde pierde uno solo, y cada mesa tiene premisas opcionales: "jugá un juego que no conocías", "jugá con personas que no conocías", "ganá una partida". Se cumplen de manera espontánea. Hay juegos de hasta 12 personas a la vez, y todo se vuelve más divertido cuando no conocés a los demás y no les sabés "las mañas".
Qué es una Noche (o Tarde) Analógica
El nombre anuncia lo no digital. La música es siempre en vinilo, con una persona que los selecciona y los pasa. La primera vez que el público lo vio, apareció la curiosidad: se acercaban a ver qué pasaba. Hay algo del silencio entre dar vuelta un disco y poner otro que se nota. "La música no cambia la experiencia, la acompaña; casi diría que la reviste."
Lo que más les gustaría es que quien llegue sin conocer a nadie se quede con ganas de seguir jugando. Durante la semana les escriben para pedir recomendaciones y comprar el juego que jugaron, o para regalar uno. Una noche llegaron casi a 80 personas, con dos cumpleaños incluidos: fue un desafío, y terminó con grupos mezclados y un festejo unificado.
Una ludoteca de 230 juegos
Todavía existe la idea de que los juegos de mesa son el dominó, las damas o el Monopoly, pero el universo moderno creció muchísimo: estrategia, deducción, roles ocultos, juegos cooperativos, narrativos, de construcción. Algunos te hacen resolver un misterio; otros te hacen trabajar en equipo o engañar a tus amigos.
Para elegir qué llevar, curan una ludoteca de unos 230 juegos. Priorizan los que ya probaron con otros grupos, y tienen en cuenta el tiempo de explicación, la temática, el público y la cantidad de jugadores, para que no sientas que jugás siempre a lo mismo. Tienen además algunos títulos difíciles de conseguir, que dan una experiencia medio exclusiva. Y el hobby crece: llegan juegos que antes tardaban muchísimo, y la industria argentina, con editoriales nacionales, está sacando muy buenos títulos.
Para el verano preparan una propuesta de la que todavía no pueden contar mucho, ligada al encuentro y a un estado "vacacional". Su sueño es simple: que la gente siga viniendo a jugar y encuentre "un lugar donde conectar con algunas cosas y desconectar de otras tantas".
Una invitación
Ese lugar hoy es Espacio RIVA, en el Pasaje Rivarola. No hace falta saber jugar ni conocer a nadie: alcanza con venir, sentarse a una mesa y dejarse sorprender por un juego nuevo, por una música en vinilo y por la gente que está al lado. Las fechas de las próximas noches se anuncian en las redes de Lembas Games y de Espacio RIVA. Animate a venir a jugar.






