Hay una frase que resume el giro central en la obra de César Paternosto, y la curadora Natalia Giglietti la cita como bisagra de toda la retrospectiva que el MACBA le dedica: "Quiero americanizar la pintura." La imaginación geométrica, organizada junto con el Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata —donde ya se presentó una versión de la muestra—, ocupa dos plantas del museo de San Telmo y reúne obras de seis décadas de uno de los últimos grandes nombres del arte geométrico argentino.
Dejar de copiar a Tápies
El primer quiebre, según reconstruye Giglietti, ocurrió en los años sesenta, cuando Paternosto decidió apartarse del grupo Sí y de su propia formación informalista. "Se quería ir del grupo porque le parecía demasiado importado, un modelo bastante europeo; quería dejar de copiar a Tápies", explicó la curadora. Ese impulso lo llevó a investigar en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata los motivos prehispánicos de la cultura de La Aguada, cruzando los empastes y esgrafiados heredados del informalismo con una nueva serie de signos geométricos tomados de piezas arqueológicas.
Ese cruce encontró su nombre en una expresión que Giglietti retoma del crítico Aldo Pellegrini, quien escribió sobre una muestra de Paternosto junto a Alejandro Puente en la galería Lirolay: "geometría sensible". Un término que distanciaba a Paternosto tanto de los concretos de los años cuarenta como de la reducción minimalista, porque devolvía protagonismo al trazo, al color y a la presencia física del artista.
El diario de Cusco y "Piedra abstracta"
La pieza que, para Giglietti, redefine toda la lectura de la muestra es documental: el diario de viaje que Paternosto llevó a Cusco entre 1977 y 1979, con anotaciones y dibujos sobre el ensamblaje de las piedras en las construcciones incas. De esa investigación nació, en 1989, Piedra abstracta, el libro donde Paternosto formuló una hipótesis poco difundida hasta ahora: que el origen de la abstracción en América Latina no está en la vanguardia europea sino en la retícula textil de las culturas originarias, anterior incluso a la cerámica. "Ahí está el grado cero de la abstracción en América Latina", resume Giglietti la tesis del libro.
"Acá hay una abstracción genuina, una abstracción distinta, que no es la de la vanguardia europea, que no es Kandinsky", señaló la curadora sobre el hallazgo que Paternosto creyó ver en la arquitectura inca: una abstracción ligada al territorio, al cuerpo y a una simbología propia, no heredada.
La visión oblicua, nacida de una siesta
Antes de mudarse a Nueva York en 1968 —ciudad donde vivió más de treinta años—, Paternosto ya trabajaba con los llamados bastidores con forma, que Giglietti propone leer no solo en relación con los shaped canvas estadounidenses sino dentro de una genealogía rioplatense ligada al arte concreto, al madí y a Joaquín Torres García. Una obra de 1965 integra hoy la colección del Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti, y en 1966 el MoMA compró su primera pieza.
De esa etapa se desprende, en 1969, el episodio que la curadora señala como el más revelador de toda la trayectoria: después de una siesta con sus hijas, Paternosto hizo un boceto en una hoja escolar y pintó el borde del papel. De ese gesto casual nació la "visión oblicua", una manera de discutir la tradición occidental que siempre privilegió la vista frontal como único punto de observación válido. Ese mismo año le envió un escrito sobre la idea a Clement Greenberg, que respondió, sin matices: "No, no, eso no lo voy a leer, porque los artistas tienen que producir, no tienen que escribir." La anécdota no frenó a Paternosto: la escritura siguió siendo, de ahí en más, una parte constitutiva de su obra, algo que la muestra busca corregir exhibiendo también sus libros, textos y fotografías junto a la pintura.
La visión oblicua atraviesa incluso series tardías como Hilos de agua y dialoga con las esculturas que Paternosto produjo entre 2000 y 2020, en las que sigue trabajando la proyección en el espacio en conexión con sus estudios sobre la Bauhaus y Moholy-Nagy.
En 2026, la Universidad Nacional de La Plata le otorgó el título de Doctor Honoris Causa por su trayectoria y su aporte al arte argentino y latinoamericano.
La imaginación geométrica se puede visitar en el MACBA (Av. San Juan 328, San Telmo) hasta el 9 de noviembre de 2026, de 12 a 19 h. El museo cierra los martes.







